miércoles, 27 de junio de 2012

Dos silencios.



"Iba por sus ocupaciones con una pasión tan esmerada como baladíes eran aquellas. De un modo notable, las abordaba con cierta trabajosa minuciosidad como quien lleva a cabo la delicada tarea de salvar el universo. Se enamoraba de detalles minúsculos y cumplía con sus cargas como un Cristo obsesionado. Los pequeños gestos de sociabilidad de sus amigos constituían su abundante idea de humanidad, y unos cuantos libros apilados en un esquinero de madera hacían las veces de Paraíso. Esta magnificación de un modo de vida tan vulgar era atribuido por sus conocidos a una flaqueza moral, a la resignación y a la barroca idea de dotar de sentido su insoportable idea de existir. Esto último fue certeramente diagnósticado por una psicóloga ocasional que, a modo de augurio íntimo, vaticinó en silencio su total soledad afectiva sin saber que el esforzado infeliz le profesaba en conciencia una total entrega. Y así siguió aquella muda profesional su vida gris, confiada en sus profecías ocultas y tan segura de si misma que hasta el universo mismo parecía no necesitar salvación alguna."

Hilario Bielcassé,  Notas sobre la Ciencia y sus Dogmas, 1936.-

viernes, 1 de junio de 2012

La Historia de un Camino.


Era un camino cansado 
que cuando andaba parecía quieto, y quieto lucía igual. 
También era un camino sincero cuyo norte y sur no cesaban de girar. 
Pero era un camino cansado y hubo un día en que dejó de andar. 
Se quedó quieto, muy quieto, aunque quieto luciera igual.  

lunes, 28 de noviembre de 2011

El Intruso.


"Pronunciaba cada sílaba con la solemnidad interior de un místico enamorado. Pasaba su dedo índice por las palabras, más para complacerse en ellas que para marcar su paso. Fijaba su vista en el fondo de las letras como quien tiene una visión del todo que comprende las sombras del Libro. Y entonces, sólo por un instante tuvo esa visión que está vedada a los comunes hasta que un rayo lo fulminó, y el polvo de sus cenizas fue todo el testimonio de aquella usurpación divina."


Felipe Mondanel, Sobre las delicias y riesgos de la lectura, Buenos Aires, 1947.-

sábado, 26 de noviembre de 2011

Fuga y asilo.


"Fíjese, Don Manuel, ¿ve todo esos papeles? No tienen sentido alguno. El desaparecido los escribía porque tenía la idea de que mientras más hojas escribiera de sí mismo, más lograría vaciar su espíritu de ese cuerpo andrajoso en el que andaba. Yo no los leo para no darle el gusto de que habite en mi cabeza. Allá él."


Hilario Bielcassé, El destino de Juan der Buchstaben, 1927.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Calles embrujadas: de las leyendas al hecho científico.


"Dos de las esquinas de Biritos y Roque Saenz Peña tuvieron siempre fama de misteriosas. A partir de las dos de la mañana, y solamente con algunas lunas de otoño o previas a la primavera, extraños sucesos tenían lugar allí. Apariciones, vórtices espacio temporales, pérdidas de memoria o visiones proféticas eran comunes y raramente pasaban desapercibidas por quienes las transitaban. Pero el fenómeno más extraño ocurría cuando en esas noches aparecía cierto personaje, vestido con sobretodo negro y de apariencia igual de oscura. Solo se lo percibía  segundos antes de que, viniendo en sentido contrario, chocase su hombro con el de un transeúnte desprevenido, de modo apurado e indolente. Éste, sin quererlo, empezaba a mutar adquiriendo hábitos profundamente nocturnos, tales como la afección desmedida por las aceitunas negras y el escrutinio de constelaciones totalmente imaginarias. Algunas viejas del barrio me han comentado casos de maridos que, víctimas de tal fatalidad, desaparecieron una noche persiguiendo lunas que sólo ellos veían. Claro está que este rumor puede ser la romántica alegoría pergeñada por algunas mujeres abandonadas, brujas e insoportables." 

Hilario Bielcassé, Reseña de calles de Mendoza, 1944.

La Tentación.


"Finalmente se sentó frente a la taza de café humeante. Dudó por un segundo si no era más apropiado postergar el sabor para que el deseo lo tornase más intenso. Pero luego caviló que la duda misma era un infierno que no le estaba permitido sino a los aventureros y herejes. Al fin y al cabo él era un hombre perezoso y obediente, y un simple placer del gusto no le iba a tentar en la búsqueda de nuevas sensaciones. Bebió un sorbo y sintió una cierta culpa al disfrutarlo, pero se supo feliz de saber que ése era su infierno: lleno de pequeñas culpas, predecible, pequeño, burgués e inmutable. Un infierno delicioso y seguro."

Marcelo Vía, Las vidas de Hécate, 1927.

Diablos decepcionados.



"(...) y si bien nos toca en suerte ocuparnos un mundo liberal y capitalista, la venta de almas ha alcanzado niveles notoriamente bajos; no tanto, quizá, por lo sutil de la mercancía, sino por el escaso valor que ostenta la mayoría de esos pobres fiatos divinos que se contentan con aspiraciones tan vanas como pueriles se perfilan sus infiernos. Y no debe haber algo más espantoso que una eternidad estúpida ni tampoco diablos interesados en su comercio."

Hilario Bielcassé, Sociología del Averno, 1932.