viernes, 3 de mayo de 2013

Una anécdota.





     "Caminaba presuroso al trabajo, llena la mente de las angustias propias de quien llega tarde. Un raro viento del sur me distrajo por unos segundos, y en esa sorpresa se llevó algunas de mis vanas preocupaciones. Entusiasmado por esta sensación de ligereza abandoné al viento casi todas mis ansiedades materiales y milagrosamente pude sentirme dueño de mí mismo. Luego, y de a poco, el viento me fue arrancando la carne a jirones. Aunque un cierto dolor hubo, no puedo asegurar que éste me haya impedido una infinita percepción de bienestar.
     Iban ya mis huesos como llevados por el viento cuando éste los terminó desgranando justo antes de que fueran polvo y olvido; y ahí pude ver lo que sólo a unos pocos les ha sido deparado contemplar conscientemente: la inmensidad de la Nada. Me abracé a la misma y ya no pude recordar otra cosa. Quién sabe si en el trabajo notaron mi ausencia."

     
                                                          Hilario Bielcassé, Papeles de Viejo, 1957.-

domingo, 18 de noviembre de 2012

Una apuesta peligrosa.



"Sucede a veces (pero muy pocas) que confundo el amor con la muerte. Y así me enamoro y siento que voy falleciendo cada vez más hasta quedar al borde del abismo. Y ahí un rapto de sensatez me devuelve a mi soledad, a esa soledad que tanto deploro pero que siempre me salva. Es un método de defensa bastante cuestionable, lo sé. Pero creo, sin embargo, que esta vez no hay salvación posible. Y estoy seguro de que  no opondré resistencia alguna en esta caída libre, porque si es cierto que el amor y la muerte son una misma cosa, con Usted no veo la hora de ver las delicias que nos tiene preparado el Cielo. Porque si el amor y la muerte son una misma cosa, en este albur de identidades misteriosas, quién sabe si Usted y el Cielo no estén hechos de igual sustancia. La posibilidad bien vale el riesgo."

                                                              Hilario Bielcassé, carta a una Parca, 1928.

miércoles, 27 de junio de 2012

Dos silencios.



"Iba por sus ocupaciones con una pasión tan esmerada como baladíes eran aquellas. De un modo notable, las abordaba con cierta trabajosa minuciosidad como quien lleva a cabo la delicada tarea de salvar el universo. Se enamoraba de detalles minúsculos y cumplía con sus cargas como un Cristo obsesionado. Los pequeños gestos de sociabilidad de sus amigos constituían su abundante idea de humanidad, y unos cuantos libros apilados en un esquinero de madera hacían las veces de Paraíso. Esta magnificación de un modo de vida tan vulgar era atribuido por sus conocidos a una flaqueza moral, a la resignación y a la barroca idea de dotar de sentido su insoportable idea de existir. Esto último fue certeramente diagnósticado por una psicóloga ocasional que, a modo de augurio íntimo, vaticinó en silencio su total soledad afectiva sin saber que el esforzado infeliz le profesaba en conciencia una total entrega. Y así siguió aquella muda profesional su vida gris, confiada en sus profecías ocultas y tan segura de si misma que hasta el universo mismo parecía no necesitar salvación alguna."

Hilario Bielcassé,  Notas sobre la Ciencia y sus Dogmas, 1936.-

viernes, 1 de junio de 2012

La Historia de un Camino.


Era un camino cansado 
que cuando andaba parecía quieto, y quieto lucía igual. 
También era un camino sincero cuyo norte y sur no cesaban de girar. 
Pero era un camino cansado y hubo un día en que dejó de andar. 
Se quedó quieto, muy quieto, aunque quieto luciera igual.  

lunes, 28 de noviembre de 2011

El Intruso.


"Pronunciaba cada sílaba con la solemnidad interior de un místico enamorado. Pasaba su dedo índice por las palabras, más para complacerse en ellas que para marcar su paso. Fijaba su vista en el fondo de las letras como quien tiene una visión del todo que comprende las sombras del Libro. Y entonces, sólo por un instante tuvo esa visión que está vedada a los comunes hasta que un rayo lo fulminó, y el polvo de sus cenizas fue todo el testimonio de aquella usurpación divina."


Felipe Mondanel, Sobre las delicias y riesgos de la lectura, Buenos Aires, 1947.-

sábado, 26 de noviembre de 2011

Fuga y asilo.


"Fíjese, Don Manuel, ¿ve todo esos papeles? No tienen sentido alguno. El desaparecido los escribía porque tenía la idea de que mientras más hojas escribiera de sí mismo, más lograría vaciar su espíritu de ese cuerpo andrajoso en el que andaba. Yo no los leo para no darle el gusto de que habite en mi cabeza. Allá él."


Hilario Bielcassé, El destino de Juan der Buchstaben, 1927.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Calles embrujadas: de las leyendas al hecho científico.


"Dos de las esquinas de Biritos y Roque Saenz Peña tuvieron siempre fama de misteriosas. A partir de las dos de la mañana, y solamente con algunas lunas de otoño o previas a la primavera, extraños sucesos tenían lugar allí. Apariciones, vórtices espacio temporales, pérdidas de memoria o visiones proféticas eran comunes y raramente pasaban desapercibidas por quienes las transitaban. Pero el fenómeno más extraño ocurría cuando en esas noches aparecía cierto personaje, vestido con sobretodo negro y de apariencia igual de oscura. Solo se lo percibía  segundos antes de que, viniendo en sentido contrario, chocase su hombro con el de un transeúnte desprevenido, de modo apurado e indolente. Éste, sin quererlo, empezaba a mutar adquiriendo hábitos profundamente nocturnos, tales como la afección desmedida por las aceitunas negras y el escrutinio de constelaciones totalmente imaginarias. Algunas viejas del barrio me han comentado casos de maridos que, víctimas de tal fatalidad, desaparecieron una noche persiguiendo lunas que sólo ellos veían. Claro está que este rumor puede ser la romántica alegoría pergeñada por algunas mujeres abandonadas, brujas e insoportables." 

Hilario Bielcassé, Reseña de calles de Mendoza, 1944.